La ciudad condal es ya un referente urbanístico, cultural y turístico a nivel mundial, posición que ha alcanzado gracias a la grandeza que le otorga su arquitectura modernista y la consolidación de una población cosmopolita y ecléctica. En Barcelona han ido integrándose lo clásico, lo menos nuevo y lo extremadamente vanguardista de una manera que podría parecer calculadísima, pues la nueva armonía obtenida a partir de esta unión progresiva no pasa desapercibida a ningún visitante de la Barcelona actual.
El campamento de verano está situado en una zona tranquila y residencial del distrito de Horta Guinardó, desde la que se puede llegar al centro en poco tiempo mediante el transporte publico. El Parc del Laberint reposa misterioso en los aledaños del recinto, todo un icono característico que año tras año visitamos con los estudiantes.
Algo a tener en cuenta es el ambiente tan sublime que Barcelona adquiere durante la época estival; tanto jóvenes como adultos se embriagan del sabor mediterráneo que empapa todo y conmueve por igual a nativos y recién llegados, que provoca ese deseo de permanecer siempre a pie de calle y respirar al ritmo heterogéneo de la propia ciudad. El compendio de nacionalidades, siempre presente pero aún más acentúado en verano, sirve asimismo para completar el propósito de nuestros acampados de conocer gente de todo el mundo incluso más allá de los límites del campamento de verano.
Sabemos de la grandeza de Barcelona en todos los aspectos, y por eso organizamos las excursiones a conciencia para que los estudiantes conozcan y valoren todos los rincones imperdibles de la ciudad. Cualquier vestigio de Gaudí es una visita obligada, cuanto menos sus creaciones miticas como la Sagrada Familia o el Parque Güell, al igual que los paseos por las arterias principales de Barcelona, repletas de asombrosos edificios de corte modernista y fachadas imposibles. Tampoco nos privamos nunca de recorrer los barrios más famosos, sobre todo los de Ciutat Vella, cuyas calles angostas les siguen pareciendo a muchos una atracción turística y no tanto una zona habitada.
Muchos de los caminos que tomamos acaban en la costa, en el paseo marítimo que flanquea la concurrida playa de la Barceloneta; allí siempre es agradable darse un baño antes de seguir hacia otros lugares emblemáticos, como la Villa Olímpica, el barrio del Born o las fascinantes fuentes de Montjüic, llenas de colorido y vida durante los meses de campamento. Rara vez se cansa Barcelona de ofrecer sus bondades, sea de noche o de día; música en la calles, fiestas tradicionales, horas de sol inagotables, una cena memorable al aire libre o insólitas panorámicas desde el Tibidabo, flamante guardián de una ciudad que ningún alumno deja de echar de menos en sus días.